Ella solo quería que la escuchen, pero no sabía cómo hacer para que su voz no sea manipulada. Se sentía acosada, juzgada y condenada por la sociedad y los medios, tratada con sensacionalismo.
Había acabado de obtener su libertad este último lunes, tras dos meses de haber estado presa, procesada por abuso sexual en niños y falta de cuidado, por el caso de su pequeña hija embarazada cuando tenía solo 10 años de edad –presuntamente tras haber sido violada por su padrastro–, situación que alcanzó notoriedad internacional y abrió una encendida polémica acerca de si había que practicarle o no un aborto.
Era un tema en el que casi no me había involucrado, hasta que una amiga me contactó. La mamá de la niña quería hablar con un periodista y le habían recomendado hacerlo conmigo, supuestamente por mi trayectoria profesional, que inspiraba confiabilidad.
Fue así como pude estar con ella el miércoles a la tarde, en casa de su abogada. Me impactó su figura pequeña y humilde, de rasgos sufridos, junto a su actitud decidida y firme, aunque golpeada por el dolor y la indignación.
La entrevista se publicó en la edición impresa de ÚH, el jueves, con una versión audiovisual más extensa en ÚLTIMAHORA.COM. Por razones éticas y legales tuvimos mucho cuidado en no mostrar su rostro, ni en revelar datos de su identidad, pero decidimos no maquillar su voz con efectos de sonido, pues en cada quiebre, cada sollozo, cada silencio, cada reclamo indignado, estaba su verdad.
Recibí felicitaciones por haber obtenido “la primicia” y también críticas porque fui “muy suave” con ella, porque no le pregunté “cosas más personales”. No requerí detalles sobre el abuso, no hablé de su pareja (el presunto abusador). Puedo ser muy inquisidor con una autoridad o un funcionario corrupto, pero no con una pobre mujer a quien tanto han golpeado.
Una colega me preguntó si yo creía que ella es también culpable. Le contesté que no lo sé, no soy fiscal ni juez, solo periodista, y en este caso me limité a sostener el micrófono para que la voz de ella pueda ser también escuchada. Pero sí creo que ella es también víctima de un Estado que no supo ampararla cuando acudió a pedir ayuda, aunque luego la metió presa cuando su hija más la necesitaba.
Humberto Rubin me preguntó por radio cuál es mi conclusión sobre este polémico caso y le dije que no la tengo; prefiero que el público saque sus conclusiones con los elementos que vamos aportando. A veces la mejor manera de ser periodista es darle voz a la gente, y callar la propia voz para que la de los demás sea escuchada.