Detalló que se estima que unas 2.588.912 hectáreas de parcelas de granos se encuentran en déficit o estrés hídrico y en el 70% del área sembrada los suelos están con déficit de humedad, según los datos que proporcionó a través del Instituto de Biotecnología Agrícola (Inbio).
Aunque todavía no es posible cuantificar las pérdidas económicas que podrían derivarse de esta crisis, advirtió que de no revertirse las condiciones climáticas el impacto podría ser severo para la producción agrícola.
“No sabemos cuánto pueden llegar caer los rendimientos. Hasta hoy (ayer 16 de enero) solo aguaceros (se tiene). Urge que llueva. Con 15 días de diferencia se vinieron abajo varias parcelas. Mientras no llueva cada día que pasa aumentan las pérdidas”, lamentó.
Señaló que el panorama es complicado, porque aún no se esperan precipitaciones relevantes, y eso dificulta proyectar la recuperación de los cultivos. Reiteró que las pérdidas dependerán de cómo evolucione el clima en las próximas semanas.
María Luisa Ramírez, de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), señaló que, de seguir así el clima, se está comprometiendo la cosecha.
“Las tempraneras están saliendo muy bien, pero las que están cargando grano, que son la mayoría, están sufriendo mucho. Hay zonas con más de un mes sin lluvia, todo depende de la fecha de siembra y manejo, pero ya están comenzando a bajar las expectativas”, apuntó.
Héctor Cristaldo también manifestó que, además de los cultivos de soja, están siendo afectados parcelas de sésamo, maíz, frutihortícolas, poroto y mandioca.
En cuanto al sector ganadero, dijo que la pastura está siendo afectada igualmente, pero que no es crítica la situación como en el caso de los cultivos.
Según las proyecciones del Inbio, hasta el 20 de enero se prevé que la temperatura máxima absoluta supere los 41°C en el Chaco, mientras que en la Región Oriental se estiman valores máximos más variables, oscilando entre 33°C y 40°C en zonas específicas. Estas condiciones, junto a la falta de lluvias, intensifican la tasa de evapotranspiración, lo que acelera la pérdida de humedad en el perfil del suelo.