Los episodios similares fueron repitiéndose desde que tenía 50 años hasta los 60 años. Y un día, ella hasta dejó de masticar los alimentos y olvidó a sus seres queridos. Ella vive aislada, se alimenta por sondas y sigue sin recordar a su esposo. Esta es una historia real, no ficticia, que se repite día a día en muchos hogares del país.
El diagnóstico de María fue alzhéimer, un tipo de demencia de las varias que existen, explicó el doctor Alaerte Wolfart, neurólogo.
“Es como un síndrome neurológico donde se afectan las capacidades cognitivas del paciente dentro de un espectro continuo, desde el déficit cognitivo leve hasta la demencia”.
El alzhéimer es una enfermedad relacionada con la edad y que tiene su inicio en un porcentaje de hasta un 5% a partir de los 65 años y a partir de esa edad el porcentaje de la incidencia se duplica cada cinco años aproximadamente. Por ejemplo, personas de 70 años tienen una incidencia del 10%.
Entre los signos de la enfermedad se encuentran la amnesia, que es muy frecuente, le sigue el trastorno del lenguaje, que suele cursar inicialmente con una forma de que parece que el paciente no encuentra las palabras.
“Otro de los síntomas frecuentes es una desorientación espacial. Los pacientes no recuerdan dónde viven y con el avance de la enfermedad, incluso en el domicilio o dentro de su misma casa, se desorientan”, dijo el neurólogo.
La consecuencia de los primeros signos es que el paciente tiene dificultad para encontrar las palabras, no recuerda el nombre de las personas o de los objetos de uso común, pierde con facilidad el hilo de las conversaciones y es incapaz de seguir una conversación si se le interrumpe.
Diagnóstico. Si se detectan estos signos o síntomas se recomienda una consulta precoz con un especialista. “Una vez que tenemos un diagnóstico de enfermedad de Alzheimer probable, se dan las recomendaciones de seguir siempre con los controles muy estrictos”.
En caso de que el paciente tenga alguna enfermedad crónica de base, debe seguir un tratamiento estricto, especialmente de la hipertensión y la diabetes, y que siga los hábitos de una vida saludable lejos del tabaco y alcohol.
“Tenemos también la posibilidad de medicar con medicamentos a esos pacientes, pero hay que ser claros en que la terapia farmacológica para el mal de Alzheimer hoy día no es completamente eficaz, ni mucho menos curativa”. La terapia farmacológica calma la evolución de la enfermedad, pero es muy difícil que logre detener completamente el avance de la enfermedad, añadió.
¿Cuál es el impacto de la enfermedad? Para el neurólogo, el alzhéimer afecta a las personas inicialmente cuando se produce un deterioro cognitivo leve.
“En esa fase, habitualmente, el paciente tiene una sensación de que algo le pasa, que la memoria le anda fallando habitualmente, pero no le genera ningún trastorno en su vida diaria”. Pero la afectación real cuando ya está en etapa de demencia es que afecta de una forma progresiva su autonomía. “O sea que progresivamente el paciente se vuelve dependiente de otros para ayudarle a poder cumplir con sus propias necesidades diarias. Incluso olvidan cómo masticar, o higienizarse y hasta usan pañal.