Cualquier manual político señala que el voto da poder, pero no sabiduría, que la gestión es la mejor comunicación, y que es mejor tender puentes que volarlos.
Santiago Peña (ANR/cartismo) está hace menos de dos semanas en el poder, pero se le están enredando las cosas, no por trabas de sus adversarios, sino por desaciertos propios o de sus compañeros de movimiento.
El caso más cercano es el incidente con Argentina por el peaje en la hidrovía, un pleito que Paraguay viene reclamando ante la ilegal e injusta decisión unilateral del país vecino de cobrar 1,47 dólares por tonelada a los buques que vienen de puertos extranjeros en el tramo Santa Fe/Confluencia, desde enero pasado, y que afecta especialmente a la flota nacional.
El jueves visitó el país Sergio Massa, en su calidad de ministro de Economía y candidato presidencial kirchnerista. El presidente Peña lo recibió en su residencia y así lo hizo saber en las redes sociales, con frases políticamente correctas. Anunció que hablaron de desarrollo, comercio e integración. El argentino hizo lo mismo. Incluso fue más allá, ya que agradeció al “Gobierno paraguayo y a los países de la región que tuvieron una actitud proactiva respecto de la posición de defensa de la Argentina en la negociación con el FMI”.
El problema sobrevino tras la conferencia de prensa donde el canciller Rubén Ramírez anunció el compromiso de Massa de suspender inmediatamente el cobro del peaje. También anunció el pago de la deuda de Yacyretá. Era una importante victoria diplomática para el nuevo Gobierno en un complejo tema que Mario Abdo Benítez no pudo resolver.
Horas después, el Gobierno argentino desmintió el supuesto acuerdo y se desató un incidente diplomático que a medida que pasan las horas empeora por el elevado tono de los actores.
A estas horas, ni el peaje se levantó, ni apareció el cheque por Yacyretá.
Mentiras o malos entendidos, todo parece indicar que la ansiedad por marcar goles le jugó una mala pasada a Peña, que creyó en una promesa que ni siquiera fue manifestada en palabras por Massa u otro integrante de la comitiva argentina. “Lo que decidimos es no quedarnos en la discusión del peaje”, eludió el ministro argentino.
Paraguay reclama la violación de las leyes y el incumplimiento de los tratados por parte de Argentina. “La realidad es que los tratados internacionales tienen que cumplirse”, dijo Peña.
Esta es una gran lección para el Gobierno que justamente está cometiendo el mismo error con la Unión Europea. El cartismo pretende romper un convenio con la UE por la vía incorrecta de una ley, violando el tratado, en similar actitud que la Argentina.
Este es el resultado del manejo en clave electoral de las complejas y delicadas relaciones exteriores, que empeora cuando se suma el paroxismo del fanatismo nacionalista.
Como si fuera poco a la tensión con EEUU, la Unión Europea y Rusia, ahora se suma Argentina en lista de asuntos a resolver para la Cancillería.
CUMBRE SIN IMPACTO. El jueves por la mañana se realizó la segunda cumbre de poderes en Palacio de Gobierno, donde se firmó un acta de compromiso para presentar estrategias y planes en la lucha contra la corrupción y otros delitos. La fecha marcada para mostrar esa hoja de ruta es el 24 de noviembre.
Pero la cita no tuvo el impacto político deseado porque el relato se diluía en el escándalo de la foto del senador Erico Galeano, imputado por nexos con el narcotráfico, jugando fútbol en la mismísima residencia presidencial, con el presidente del Congreso, Silvio Ovelar, y otros legisladores.
También ese día, los diarios Última Hora y ABC publicaban en portada el apriete de la Fiscalía, que exigía nombres de periodistas que escribieron información relativas al cartismo, en un indisimulado intento por saber quiénes filtraron los datos para cortar cabezas.
Cuando la prensa intentó saber su opinión sobre ambos asuntos, Peña se retiró contrariado de la conferencia de prensa porque no podía sostener su discurso. No había manera de salvar semejante contradicción.
El jueves fue un día maldito para su gestión. Sin dudas.
Y eso que se ganó popularidad con la baja en los precios de los combustibles.
La ansiedad por mostrar resultados puede generar tropiezos y errores, más aún en un presidente que necesita demostrar que tiene la lapicera y que sus planes están por encima de la vendetta política de su jefe político.
Una vez más se demostró que su mayor enemigo está adentro y que su cruzada contra la corrupción solo será relato si no empieza a combatir el flagelo en su propio entorno.