04 abr. 2025

Apostar a la vida

Hace unos días un profesor de Periodismo de España hacía referencia a la necesidad de que los medios de comunicación mejoren la cobertura sobre la prevención del suicidio.

El profesor Miguel Ángel Jimeno, que colabora junto a otro periodista en la Comisión Interinstitucional para la Prevención de las Conductas Suicidas del Gobierno de Navarra, refiere la necesidad de que los medios aborden con rigor y respeto los temas relacionados con suicidio.

Una de las principales acciones es dejar de banalizar el acto, principalmente, en títulos de eventos deportivos o que tengan que ver con conductas de animales. Asimismo, recomienda dejar de equiparar la muerte provocada por un familiar con el suicidio en un mismo titular, principalmente, cuando está relacionado con casos de violencia de género.

También, traía a colación una publicación de El Periódico en la cual se hace hincapié en que esconder el suicidio como algo tabú hace que la gente con ideas suicidas tenga pudor para hablar del tema, con lo cual se limitan las posibilidades de que el afectado pida ayuda.

En general, los medios conservadores optan por no hablar sobre el tema, mientras los sensacionalistas dan detalles escabrosos. Ambos extremos no contribuyen a tratar esta problemática, sobre todo, cuando los familiares necesitan contención y apoyo tras pasar por un caso de suicidio.

Según datos manejados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), 50 millones de personas viven con depresión en la región de las Américas. Agrega que se registró un aumento del 17% de personas con depresión entre el 2005 y el 2015. Se estima que en América, 7 de cada 10 personas con depresión no reciben la atención adecuada, por diversas razones, entre ellas el desconocimiento de estos síntomas.

Una publicación de Última Hora de octubre del año pasado, con datos del Ministerio del Interior, revelaba que entre el 2006 y 2014 se registraron 3.129 muertes por suicidio.

El informe indicaba además que la franja etaria más afectada es de 18 a 29 años, donde un 74,4% eran hombres, mientras que a las mujeres afectaba principalmente en las edades de 13, 14 y 17 años.

Asimismo, mencionaba que en el caso de las mujeres existen muchos factores de riesgo relacionados con el embarazo, nacimiento, puerperio, embarazo adolescente, violencia y abuso sexual, enfermedades de transmisión sexual, menopausia, infertilidad, entre otros.

Si bien el suicidio se asocia a problemas mentales como la depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar, entre otros, también influyen factores sociales, culturales y económicos así como el abuso de sustancias y la violencia.

Entre los avances registrados en Paraguay sobre el tema, se encuentra la aprobación de una ley de prevención y atención de personas en riesgo de suicidio, por parte de la Cámara de Senadores. El proyecto debe ser sancionado también por la Cámara de Diputados.

Pero no solo hacen falta normativas que enfoquen el problema. También es necesario que los medios mejoren su enfoque informativo y deje de ser un tabú.

Se necesita contar las secuelas que dejan los intentos, lo doloroso que resulta y el tratamiento de acompañamiento para que la persona pueda salir adelante. Y, por sobre todo, insistir en contar cómo familiares y amigos pueden ayudar a personas con problemas de depresión.