Si bien se sabía desde hacía semanas que Trump impondría estos aranceles, los detalles del anuncio sorprendieron a los fabricantes y a expertos. Los gravámenes se aplicarán a partir del 3 de abril a los vehículos leves ya ensamblados, pero también a ciertos componentes.
Este último punto es sensible, ya que el sector se basa en una cadena de suministro compleja y que atraviesa fronteras.
El proceso de fabricación en Ford y General Motors incluye idas y venidas entre Estados Unidos, México y Canadá. Estos tres países están vinculados por el T-MEC, un tratado de libre comercio firmado por Donald Trump durante su primer mandato.
Sin embargo, el decreto no prevé exenciones para las importaciones dentro de este acuerdo, algo que frustró las esperanzas de los profesionales de que se salvaran todas las piezas de repuesto. A las “partes cruciales” –motor, transmisión, tren de potencia y componentes eléctricos, una lista que puede alargarse– que no sean fabricadas en Estados Unidos se les aplicará un arancel del 25%, al igual que los vehículos extranjeros ya ensamblados.
Según la Casa Blanca, de los 16 millones de vehículos nuevos vendidos en Estados Unidos en 2024, la mitad fueron ensamblados en el país, pero sólo contenían entre el 40% y 50% de piezas nacionales.
Según el gobierno, hay un déficit comercial de piezas de 93.500 millones.
Según los analistas de JPMorgan, el 82% de los vehículos vendidos por Ford se producen en Estados Unidos, seguido por el grupo Stellantis, de las marcas Jeep y Chrysler (71%), Honda (68%), Toyota (57%) y General Motors (53%). AFP