“Hay corazones ciegos y con cegueras espirituales, los pródigos, los que derrochan los bienes para usurpar a los demás. Los que siempre buscan tajadas más jugosas y grandes. Se alejan de la compasión y despojan a otros sin compasiones ni contemplaciones”, manifestó el cardenal y arzobispo de Asunción durante el cuarto domingo de Cuaresma.
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Asimismo, cuestionó a los extractivistas, que siguen modelos de explotación de recursos naturales, que extraen del suelo, la tierra lo que les reditúa en bienes personales o empresariales, y los que explotan como el tuku karu (langostas urbanas), que muerden y se alimentan de los pocos recursos de los indigentes para usurpar onerosas ganancias personales y familiares.
“Corazones obtusos, cerrados, que usan y tiran, y en el fondo también viven desorientados y de espalda a los bienes de su entorno y comunidad. Su religión es tener, el placer del poder, y poderes que les dan placeres. Tienen sus santos de maquillajes, y sus oraciones para que les salgan bien los delitos que cometen o cometerán. Pródigos hijos y derrochadores de los bienes comunitarios para nutrir los suyos, con trampas y componendas, fabricando corrupciones, alejados del bien común”, remarcó.
Entre tanto, sostuvo que una sociedad justa puede ser lograda solamente en el respeto de la dignidad trascendente de la persona humana, lo que representa el fin último de la sociedad.
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“Es necesario que todos los programas sociales, culturales, educativos, familiares, estén presididos por la conciencia del primado de cada ser humano. El Señor nos llama en esta Cuaresma al primado de la caridad y a la consciencia comunitaria de convergencias sociales cooperativas. Donde la conversión de corazones nos llama a ser pródigos de misericordia”, finalizó.