Se lo debemos al cartismo y a la gente que se dejó arrastrar por la popularidad del animador de fiestas o por alguna promesa laboral, por el fanatismo de los colorados o simplemente porque creyó en la juventud y aparente “no contaminación partidaria” del candidato. El popular locutor Número 2 de las masivas fiestas cachaqueras y animador de TV del mismo tenor se convirtió en gobernador del departamento Central en 2018, tras obtener más de 300 mil votos. Con él, se rompió una hegemonía liberal de 26 años en esa gobernación. Lo tenía todo a su favor para desarrollar una gestión limpia.
Aunque está este detalle: Ser una persona conocida por esas razones no la convierte automáticamente en alguien idónea para cumplir una buena gestión desde el Estado y al servicio de la sociedad.
Menos aún, cuando se carece de las credenciales que la acrediten como alguien cuya hoja de vida demuestra que ha tenido como línea de conducta una preocupación por lo que ocurre en su país, que asume posiciones políticas, tiene ideas propias, activa en campañas ciudadanas de alguna naturaleza o ha demostrado predisposición de aportar aunque sea con su presencia, y dada su popularidad, a las nobles causas de instituciones, grupos o particulares.
No ha sido el caso de Hugo Javier, el gobernador, que antes estaba en el negocio de la movida nocturna y del show, y ni por asomo relacionado con la necesidad de servir a los demás o ansioso por involucrarse en la actividad política comenzando nada menos que en el cargo de gobernador, y de Central. Una decisión nada fácil de tomar, excepto que se emprenda de manos de quienes detentan el poder. Así llegó él, con el espaldarazo de Horacio Cartes.
Hoy su administración está bajo sospecha. La Subsecretaría de Tributación y la Secretaría Nacional Anticorrupción denunciaron penalmente la aparición de una serie de facturas clonadas en la Gobernación de Central vinculadas con los fondos transferidos por el Gobierno Nacional en el contexto de la ley de emergencia sanitaria por la pandemia. Dinero destinado a la reactivación económica mediante obras en los respectivos departamentos.
A Central le tocó USD 1 millón. De este fondo, para la ejecución de los proyectos Hugo Javier confió más de G. 5.000 millones a una oenegé multifunción, y G. 1.272 millones al Consejo Regional de Salud. Pese a que Central hacía aguas por todas partes a medida que se extendían los contagios por Covid-19. El gobernador niega todos los cargos que pesan sobre su administración y traslada la responsabilidad a la oenegé que administró gran parte del dinero.
La Comisión de Control de Gastos de Emergencia del Senado dice que Central fue la única gobernación que no rindió cuentas al Congreso sobre la administración de esos fondos asignados para paliar la contingencia sanitaria. Concejales opositores de la Gobernación denunciaron también que Hugo Javier tampoco presentaba una rendición de cuentas anual, como es de rigor, ante la Junta departamental.
Si no lo hace ante el legislativo departamental, menos aún lo hará ante los contribuyentes, ante los ciudadanos de los 19 municipios que abarca Central.
Entre quejas por la demora en la entrega de kits de alimentos a las escuelas, y estas desprolijidades administrativas, por decir lo menos, investigadas de la administración de Central, me vienen a la memoria los rostros de preocupación con los que salieron Hugo Javier y Nenecho Rodríguez, meses atrás, de una reunión con el ministro de Salud sobre el aumento exponencial de contagiados por Covid en Asunción y Central, y de cómo ambos, gobernador de Central e intendente de Asunción, se limitaron a repetir y repetir “hay que cuidarse”. Ni una propuesta, ni una idea... ni siquiera ensayaron la típica respuesta de “vamos a conformar una comisión”, para salirse del apuro. Y es que, sencillamente, Hugo Javier no debía ser gobernador.