El síntoma que enciende las alarmas es el cierre de varios locales gastronómicos que estaban ubicados desde hace años en el Centro Histórico de Asunción, particularmente en la zona de la emblemática calle Palma. Las acusaciones apuntan hacia el aumento de la inseguridad, por los casos de robos y otros hechos delictivos que son, lamentablemente, cotidianos en todo el país. Sin embargo, la explicación no es tan simple.
Hasta hoy, hay quien convoca en redes sociales, con un dejo de nostalgia con la expresión: ¡Al Panteón! Ese era el lugar de celebración por excelencia de las antiguas victorias de la Selección Paraguaya de fútbol. Lo bueno y lo malo que nos pasaba como sociedad se expresaban, sea con euforia y contento o con indignación, en manifestaciones frente al Panteón, en la calle Palma.
Uno de los directivos de la Asociación por la Movida Nocturna del Centro Histórico de Asunción (Amcha), expresó su preocupación manifestando que incluso teme que el centro muera; y apuntó a que, si la Policía Nacional dice que no registra aumento de denuncias de robos, es porque la gente ya ni hace las denuncias.
El abandono del centro no puede explicarse solamente por la inseguridad. Uno de los factores de mayor peso puede deberse a los elevados costos inmobiliarios. De la misma manera en que ni el Gobierno Central ni el Municipio conceden algún tipo de ventajas o ayudas para conservar nuestro cada vez más escaso patrimonio arquitectónico, así también se ha permitido que sigan tan elevados los precios de alquileres, como en los viejos años de gloria de la calle Palma y el centro de la capital. Ante la dejadez, el abandono, la inseguridad, el aumento de la miseria, no parece razonable seguir manteniendo los elevados costos inmobiliarios, y en ese punto, el Municipio ciertamente puede arbitrar medidas para colaborar. Porque rescatar al Centro Histórico de su actual decadencia será posible solamente si se logra emprender de manera urgente e inmediata un trabajo que involucre a varias instituciones. A estas alturas ya no bastan las quejas y las críticas, ha llegado la hora de iniciar, comenzar con un objetivo concreto.
Nuestro modesto patrimonio histórico del centro de Asunción está cada día más mermado. Asunción, alguna vez, tuvo hermosos edificios coloniales y encantadoras casonas y viviendas, la mayoría de ellos ya fueron derribados y otros apenas se mantienen en pie. Cada día los medios reportan una nueva demolición de alguno de estos patrimonios de la ciudad, y con ello la vida de la ciudad se va empobreciendo cada vez más.
Estamos quizá todavía a tiempo de detener el proceso de degradación de nada menos que el Centro Histórico de la capital del país; evitar que se convierta en un fantasma. Pero será solo posible si se comienza a parar el proceso de manera inmediata.
Asunción necesita contar con un Centro Histórico como lo tienen las capitales de toda Latinoamérica, espacios públicos limpios, seguros y amables con la población. Necesita que la calle Palma se convierta en una calle peatonal que vuelva a congregar la alegría o la rabia ciudadanas, que son las señales de que existe una ciudadanía que está viva.
Para lograrlo, nuestras autoridades deben comenzar a pensar más en los intereses de la mayoría y menos en los particulares. Articular fuerzas con la Policía, que brinde seguridad, que el Municipio limpie las calles y repare las veredas y sobre todo que se evite que desaparezcan más patrimonios arquitectónicos y que se evite la huida de más negocios.
Debemos rescatar el centro y recordar siempre que la calle es el lugar donde el ciudadano convive con otros ciudadanos, es el lugar por excelencia de encuentro y de reconocimiento.