Todavía está muy fresco en la memoria ciudadana el alevoso aumento que se autoadjudicaron los parlamentarios en el Presupuesto General de la Nación 2025, lo mismo que su intención de modificar el cálculo para la jubilación del trabajador, mientras ellos tienen asegurada una millonaria jubilación. Por eso, resulta insultante observar cómo estos privilegiados, a una semana de culminar el periodo legislativo, ni siquiera son capaces de cumplir con su responsabilidad de acudir a las sesiones. Sus rabonas y privilegios ya son inaceptables.
A pesar de que vivimos en un Estado de derecho, en el cual, por concepto, las leyes se aplican a todos y todas por igual, no obstante seguimos padeciendo de una desigualdad que condena a una mayoría a un estatus de ciudadanos de segunda categoría, y a otros, una minoría, a ser ciudadanos de primera, acaparando todos los privilegios.
Una semana antes de terminar el periodo legislativo, una vez más la Cámara de Diputados no tuvo cúorum debido a la ausencia o rabona de legisladores. Por esa razón no culminó el estudio del orden de un día que constaba de 25 puntos, entre ellos, el proyecto de ley de Registro Unificado Nacional (RUN) y la muy cuestionada modificación de la carta orgánica del Instituto de Previsión Social con relación al cálculo de los haberes jubilatorios.
Esta no es la primera vez que lo hacen, faltar a las sesiones es una costumbre adquirida por los legisladores. Los 80 diputados están obligados a asistir a todas las sesiones de la Cámara y de las Comisiones de que forman parte, aunque no hay penalización para ellos, como sí ocurre con cualquier otro trabajador en el país. Tampoco se ha logrado a lo largo de los años transparentar el hecho de que siguen cobrando, aunque no asistan a sus obligaciones. Los legisladores siguen cobrando incluso por no acudir a trabajar y, en breve, estarán iniciando sus casi tres meses de vacaciones pagadas por el pueblo paraguayo.
Los representantes, que son uno de los poderes del Estado, electos por el voto popular tienen, en realidad, en sus manos importantes responsabilidades que muy pocos de ellos las asumen con total responsabilidad, una de ellas es legislar para buscar el bienestar de toda la población. Las rabonas son la expresión más evidente del desinterés de estos políticos en las necesidades de la gente, pues viven de espaldas a esas realidades, gozando de privilegios que son financiados por los impuestos de los contribuyentes. La forma más básica de retribuir el esfuerzo del pueblo sería acudir puntualmente al Congreso para sesionar.
Recordemos además que, hace un año la Cámara de Senadores modificó los días de sesiones a los miércoles; con esto lograron acortar la semana laboral, ya que las diferentes comisiones sesionan también solo hasta el miércoles por la mañana, previo a la sesión. El muy cuestionado proyecto fue propuesto por el actual titular del Congreso, el colorado cartista Basilio Núñez. Queda así evidenciado otro privilegio: Algunos senadores prácticamente trabajan solo dos días de la semana, y desde enero próximo tendrán un aumento de G. 5.000.000. Solamente ese aumento es mayor al salario mínimo de los trabajadores, que deben completar las 48 horas semanales de trabajo.
Son hechos injustos y arbitrarios, mientras la población padece precariedades y con gran esfuerzo asume la pesada carga de sostener con sus impuestos las instituciones, necesita recibir mensajes de sus representantes, mensajes de compromiso y responsabilidad. La gente necesita ver que la clase política es capaz de recuperar los valores de integridad, honestidad y decencia.