06 abr. 2025

El cuartel de la derrota

Miguel H. López – @miguelhache

El patrioterismo rampante que emergió en estos días para “salir a matar pobres, invasores, sintechos, haraganes, etc.”, ante la ocupación del predio del Cuartel de la Victoria en Reducto por casi 1.500 personas sinvivienda, en realidad no fue un acto de valentía sino de cobardía; y el lamentable reflejo del fracaso de gobiernos, Estado y sociedad.

El problema de la vivienda en Paraguay es estructural, es consecuencia de la falta de interés y de voluntad de las autoridades de todos los tiempos y es una aviesa violación de derechos humanos elementales.

Antes de avanzar en este comentario, la situación en aquel lugar está más distendida. Intervinieron la Defensoría del Pueblo, Codehupy, organizaciones sociales y otras instancias del Estado, y ante la evidencia de una realidad abrumadoramente irrefutable –el problema medularmente real de vivienda de la gente allí ingresada– se abrió un proceso de reubicación y en estos días abandonarán el predio de la discordia.

Aquellos cacareados discursos de que el paraguayo es solidario, hospitalario, humano, projimista, sensato de la realidad de su tiempo, es pura cháchara. Hay un vasto sector de la población que está cada vez más atrofiado en todos esos principios, valores, sentimientos y demás afectos humanos y humanitarios. Se llega a puntos extremos en donde hijos de campesinos son vergonzosamente anticampesinos. En el caso que nos ocupa, sencillamente el razonamiento no va más allá del: “estos bandidos haraganes. Por qué no trabajan”. Pregunto, ¿el salario mínimo alcanza para comprar una casa o vivir en alquiler, comer todos los días tres comidas, pagar los servicios, vestirse, educarse, abonar pasaje, tener asistencia de salud, por citar lo básico? Y, ¿si el ingreso diario ni siquiera alcanza el mínimo (que de por sí ya es miserable)...? La realidad tomada equidistantemente de orejeras, sencillamente derrumba cualquier argumento sobre el asunto.

El mismo Estado reconoce que existe un déficit de 300.000 viviendas en el país; cuadro que recrudece con el crecimiento geométrico de la población y la expulsión campesina por el agronegocio de la sojización transgénica. La respuesta –engreídamente pelotuda– no es que dejen de tener hijos, que es la reacción fácil. El asunto pasa por que el Estado cumpla lo básico de lo básico que debe, dotar a cada habitante del país de cobertura en sus necesidades elementales; la casa es una de ellas.

La ocupación del Cuartel de la Victoria reverdeció viejos chauvinismos hasta en personas que no superan los 20 años, pero que están manipuladas por la propaganda de un sector que diluye cotidianamente en un discurso facilista el odio y el desprecio hacia los diferentes, hacia quienes tienen menos o nada.

Hasta un conocido cantante de temas épicos de guerra llamó “a defender el honor de nuestros héroes” y “expulsar a los invasores”. Y si entramos en esa lógica –también– los combatientes de la Guerra del Chaco, a cuyos raleados sobrevivientes se “hospeda” en el Cuartel, lucharon para que ningún paraguayo quede sin un lugar, sin un pedazo de tierra donde vivir. Lo dice el mismo Emiliano R. Fernández en la famosa 13 Tuyuti: Ro’atamahágui tesaraitépe/ peteî ko'ême roñeñanduka/ roheja haguã ore ra’yrépe/ pedestal de gloria oma'ê haguã...

Lo que pasó en Reducto desató los soterrados odios de la dividida e intolerante sociedad paraguaya azuzada y soliviantada por sus políticos y caudillos de turno, a la sombra de una abúlica campaña electoral para las generales del 22 próximo. Un despliegue de oportunismos, mezquindades, odios e ignorancia de derechos. La evidencia incómoda de nuestro fracaso como sociedad.