28 feb. 2025

El nuevo sheriff de la ciudad

Se puede decir que esta semana fue norteamericana en casi todo el mundo. Mejor aun: Trumpiana. Antes y después de los primeros decretos y de la primera reunión del Gabinete de Donald Trump, directa o indirectamente Europa, Asia y América Latina se vieron obligados a responder a las movidas en la política interna y externa de EEUU, de manera seguidista entre los aliados del líder estadounidense; de forma opuesta, por sus enemigos.

Resulta extremadamente complicado resumir el alcance y los efectos de las medidas y los discursos oficiales de la Administración Trump en estos últimos días. Estuvo activa en prácticamente todos los frentes: Los aranceles proteccionistas, la inmigración y los medios de comunicación, en lo doméstico; las guerras de Ucrania y Gaza, la “libertad de expresión” y, otra vez, la inmigración, en Europa; la ayuda exterior, en América Latina y el resto del mundo pobre, incluido Paraguay, por citar los vectores principales de las intervenciones de Trump en la geopolítica mundial.

En la anual Conferencia de Seguridad de Múnich, el vicepresidente JD Vance dejó atónitos a autoridades y líderes de toda Europa proclamando –al tiempo de dar “consejos” sobre “libertad” y freno de la inmigración– la “buena nueva” que tiene Estados Unidos para el Viejo Continente: “Hay un nuevo sheriff en la ciudad”. El tono entre Far West y gansteril utilizado por una autoridad estadounidense del nivel de Vance no solo es inédito, sino condescendiente e insultante. Además dio un mensaje a parte de la derecha alemana que se niega a formar Gobierno con la ultraderecha: “No hay lugar para las barreras sanitarias”, dijo en una inocultable injerencia. Brandmauer es la expresión que se usa en Alemania para traducir este “cordón sanitario” que, hasta ahora, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) pone entre ella y Alternativa para Alemania (AfD). El probable canciller demócrata cristiano, Friedrich Merz, anunció que no gobernará con los filofascistas, no obstante.

Días después, Trump recibió en Washington al presidente francés, Emmanuel Macron, quien antes aseguró que pediría a Trump no hacer “sufrir” a sus (supuestos) aliados europeos con aranceles. Es dudoso que la política exterior norteamericana mude con un pedido de clemencia, más allá de la ridiculez de esta estrategia diplomática. Sin embargo, le recordó a Trump algo absolutamente cierto: Las consecuencias nefastas que podría traer un mal acuerdo para acabar con la guerra de Rusia y Ucrania. Porque lo que EEUU está haciendo, sentándose a hablar con la Administración Putin sin Ucrania, es ni más ni menos que el sonoro abandono a su suerte de la tambaleante Administración Zelensky en la guerra, aunque por otro lado negocien leoninos acuerdos comerciales.

Esto nos trae a América Latina. El Gobierno de Javier Milei en Argentina, que había declarado a Zelensky “nuestro amigo” hace menos de un año, ahora da la espalda a Ucrania y se muestra inopinadamente pro-ruso. Ya no es tan “occidentalista” como suele proclamar. ¿Y el Gobierno de Santiago Peña?

Pues también viró su postura. Hace todavía menos tiempo, en septiembre pasado, el presidente se reunió virtualmente con Zelensky y dijo: “Permanecemos leales a Taiwán, a Israel y también lo haremos con Ucrania”. Sin embargo, el miércoles reveló que Trump “tiene la capacidad” para “resolver” el conflicto... sin Ucrania, sin Europa. No dijo más (muchas luces no hay en Peña para esto, y para mucho), pero podemos afirmar que constituye un viraje radical de la política exterior paraguaya sobre el asunto; y podemos esperar que los “placeres de la carne” (de ganado en los frigoríficos) empujen al olvido de las cartistas cursilerías ucranianas. Después de todo, durante su Gobierno Horacio Cartes fue rabiosamente pro-Taiwán, pro-Israel... y pro-Rusia. Ahora vuelve a serlo.

En fin: Las vidas humanas en Ucrania o Gaza son, para millonarios como Trump y Cartes, meros “obstáculos” para construir resorts y hacer mucho, mucho dinero.

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