Sucedió hace más de una semana y quedó como un suceso más en día de elecciones, junto con las fotos y videos de punteros contando billetes, que recorrieron las redes sociales. A eso queda reducida la política: Un montón de anécdotas.
Hoy todos ya olvidaron a aquella mujer que, indignada reclamó que solo le pagaron G. 100.000 por su voto, cuando en realidad “le prometieron más”. Sucedió en Paraguarí. La señora denunció enojada y se negó a votar.
Los comentarios de los lectores estuvieron a la altura del suceso.
¡¡Dios mío el paraguayo tavy!! No sé si reírme o llorar.
¡¡¡Se merecen sus gobernantes!!!
¿No le metieron pio presa?
Saple por idiota.
Por supuesto que nunca hay imputaciones, ni a quien vende su voto y menos a quien promueve el delito. Sobre todo nunca hay condena para los que prostituyen la práctica política inundando con billetes unos de los actos más importantes de la democracia.
“El pueblo ejerce el Poder Público por medio del sufragio”, dice el artículo 3 de la Constitución Nacional. Sí, está escrito y le llamamos nuestra carta magna, aunque a veces solo suena a ironía.
Como consecuencia de estas anécdotas, no nos gobiernan los más inteligentes, ni los que tienen mejores proyectos de país, ni los más honesto o los virtuosos. En este Paraguay del siglo XXI no necesitás un programa de gobierno, solo necesitás dinero para ganar elecciones. No importa si se duda de tu gestión, no importa si estás condenado por la justicia. Si tenés plata ganás elecciones, el resto es una anécdota.
Por eso la noticia sobre las facturas del ex intendente de Asunción ya no importa a nadie, sobre todo a la Fiscalía, una institución llena de fiscales que no leen los diarios.
Pocos días antes de las elecciones la Municipalidad de Asunción se vio obligada a publicar los detalles de gastos por pandemia durante la gestión de Óscar Nenecho Rodríguez, y una vez publicados los detalles, se desató el escándalo.
Aparecieron contratos con empresas sancionadas por la Dirección de Contrataciones Públicas; facturas por compra de saturómetros con precio unitario de G. 885.000, cuando en el mercado se consiguen desde G. 150.000; contratos con una empresa de materiales de construcción, que tenía denuncias por irregularidades y pese a todo proveyó a la Municipalidad de Asunción detergente desinfectante facturando por G. 393.800, y toallitas desinfectantes G. 259.600.
El candidato guardó silencio en los días previos a las elecciones, y recién después de ganar habló en un tuit: “¡¡A todos los que me juzgaron!! ¡¡¡Vengan y presenten sus pruebas!!!” Hasta ahora el Ministerio Público no se ha enterado. Fin de la historia.
En las redes llovieron los improperios en contra de los asuncenos por haber votado a Nenecho. Como asuncena les digo que no es justo, no somos los peores.
En Luque, por ejemplo, la democracia en acción hizo que Óscar Rubén González Chaves, hijo del también condenado ex senador colorado Óscar González Daher, fuera proclamado por el Tribunal Electoral como concejal municipal.
González hijo fue sentenciado a 8 años de cárcel por enriquecimiento ilícito, declaración falsa y por lavado de dinero. González hijo fue el tercer concejal más votado en Luque.
Todo lo demás son historias, como la de la incauta que denunció que no le pagaron por su voto lo que le prometieron; o la de los miles de asuncenos que eligieron a quienes en el peor momento de nuestra historia, cuando se hacían polladas para comprar medicamentos, aprovecharon para comprar detergente a precios descomunales, o la historia de una ciudad que votó masivamente por un condenado por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero.
A esto queda reducido el ejercicio del poder del pueblo. Mientras, las ovejitas seguimos votando por el lobo para que nos gobierne.