Recordar los conceptos ahí vertidos es oportuno siempre, pero más aún en momentos en los que hay tan tremenda confusión entre la verdad y la verdad de las mayorías.
Tan vigente es el tema que el filósofo contemporáneo más leído de estos tiempos, Yuval Harari, en su último libro Nexus, profundiza sobre la importancia de entender uno de los axiomas de la comunicación humana, que cada vez es más difícil de aceptar.
Y es que la realidad no existe, lo que existe son diversos puntos de vista sobre cuestiones objetivas, hechos, o creencias que determinan lo que es la verdad para personas y grupos de acuerdo con sus creencias, educación, etc. Hay diversas visiones de “la realidad”, más no verdades absolutas.
Aceptar esto es la base para la tolerancia, es el punto de partida del entendimiento y aceptación de que otros pueden entender, sentir, creer o pensar diferente sobre los mismos hechos o situaciones.
Las formas de gobierno totalitarios que caracterizaron la antigüedad se basaron en la imposición de verdades por parte de unos sobre otros y la aniquilación de quienes no lo aceptaban. Apropiándose de visiones de la realidad como verdades infalibles, las instalaban en multitudes que terminaron creyéndoles y se han llegado a extremos de abuso de poder como el exterminio de razas o religiones por “impuras”.
En la moderna democracia, todos los puntos de vista cuentan y para dirimir con cuál quedarse se usan las votaciones, asumiendo que la mayoría de las personas saben lo que es mejor.
Sin embargo, la historia ha mostrado que no solo minorías, sino a veces individuos “contra corriente” tuvieron más razón que las mayorías. Desde Copérnico hasta Steve Jobs abundan los ejemplos.
En los últimos años, en nuestro país las mayorías imponen las realidades, y si bien son más sutiles que una guerra de exterminio, no por eso son menos letales. En nuestras narices muere gente de cosas básicas en esta era de avances tecnológicos, porque en su visión de la realidad es más importante contratar correligionarios que especialistas, y que comprar y mantener en funcionamiento los equipos que salvan vidas.
A falta de espacios oficiales donde no seamos acallados a votazos, el 25, 26 y 27 de marzo las minorías reunidas marchamos para hacer oír nuestras realidades, escritas en carteles, dichas en discursos y coreadas en cánticos, esas realidades que están muy lejos de “estar mejor”, como prometieron.
¡Tienen mayorías en todas las instituciones del país!, ¡tienen todo el poder para hacer!
¡Hagan pues!