Las aulas de madera tienen al menos 30 años de antigüedad. Actualmente, la institución cuenta con dos pabellones de material cocido y uno de madera, pero la cantidad de alumnos supera ampliamente la capacidad de las instalaciones.
Como consecuencia, los estudiantes de 7° a 9° grado y prejardín deben recibir clases en salas de madera deterioradas, representando un grave riesgo para su seguridad.
La comunidad educativa de esta institución ya lleva dos décadas escuchando promesas incumplidas. Docentes y padres han presentado innumerables solicitudes para la construcción de nuevas aulas, sin obtener respuesta alguna.
“Hace 20 años que estamos en microplanificación, pero nadie nos da una solución”, lamentó un docente, visiblemente frustrado por la falta de acción.
El director de la escuela, profesor Rudy Riquelme, advirtió sobre el impacto negativo en la enseñanza. “En épocas de calor, dar clases aquí es extremadamente incómodo y antiacadémico”, señaló, enfatizando la necesidad urgente de intervención.
MEDIDA DE FUERZA. El presidente de la Asociación Cooperadora Escolar (ACE), Mario Alfaro Ozuna, calificó de “vergüenza” la situación y advirtió que la paciencia de la comunidad educativa está al límite.
“Si esta vez no tenemos una respuesta positiva, nos veremos obligados a tomar otras medidas de fuerza. No podemos seguir así, es un peligro para nuestros hijos”, expresó.
La comunidad educativa espera que las autoridades reaccionen antes de que ocurra una tragedia. Mientras tanto, los estudiantes continúan su formación en condiciones indignas, sin garantías de seguridad ni calidad en su aprendizaje.