Nadie puede estar en desacuerdo con la intención de mejorar la nutrición de todos los escolares. Y, sin embargo, el proyecto Hambre Cero tiene todo para fracasar. En el desordenado atropello de imposición de esta ley, el cartismo ha cometido muchos errores. Empezando por el engañoso nombre elegido que, paradójicamente, fue copiado de uno de los más necesarios Objetivos de Desarrollo Sustentable de la Agenda 2030, tan anatemizado por Honor Colorado y que, además, no apunta a eliminar el hambre en todo el país.
Uno no termina de entender por qué, teniendo cómoda mayoría en ambas Cámaras este grupo político se deja llevar por el invencible impulso de actuar con prepotencia y arrogancia. En el Senado no fue posible una discusión a fondo. Siempre les ocurre lo mismo, lo que debería haber sido un proceso construido a partir de consensos, participación y discusión de las críticas, termina generando una polémica que lo empaña.
Se negaron a escuchar las voces de los que objetaban algunos puntos oscuros del financiamiento; las de las sociedades de Pediatría y de Nutrición, que propusieron fortalecer el desayuno y la merienda escolar; así como la de los gremios estudiantiles, que temen quedar sin gratuidad. A los únicos que Peña escuchó –previa ruidosa manifestación– fue a los intendentes de su partido, indignados porque la centralización de los recursos los dejaba afuera. Respondió entonces con la marca de agua de su gestión: Una reculada.
Hay otro sello del estilo cartista que le resta seriedad: La venganza. Excluyeron a las gobernaciones de Central y Presidente Hayes, lideradas por un liberal y un rival de Bachi Núñez, respectivamente. El administrador será el cuestionado ministro de Desarrollo Social, Tadeo Rojas. Dicen que se trata del futuro candidato de HC a gobernador de Central.
El proyecto presenta muchas vertientes distorsionadas. La más incierta de todas es el financiamiento. El Fondo Nacional de Alimentación Escolar (Fonae) se quedará con el 100% del dinero del Fonacide. El 80% de estos recursos, cerca de 240 millones de dólares, serán para el almuerzo escolar. El 20% restante –unos 60 millones de dólares– se emplearán en infraestructura, lo que será manejado por las intendencias. Total: Unos 300 millones anuales. Pero esto no incluye el desayuno y la merienda que, aunque no figuran en el proyecto, también están asegurados según el presidente. ¿Será?
Es que las contradicciones sobre el punto fueron la norma, empezando por las infelices declaraciones del ministro Luis Ramírez, a quien, en el momento menos apropiado, se le ocurrió explicar las bondades nutricionales del ayuno intermitente.
La plata saldrá de algún lado, dicen. Ese “algún lado” tiene nombres: Becal, Conacyt, Fondo para la Excelencia de la Educación y la Investigación, Fondo Nacional de Salud, el Arancel Cero universitario, programas de primera infancia y salud mental, entre otros. Porque la financiación será a través de la Fuente 10, es decir, de los impuestos. Y como Peña anunció que no los aumentará, indefectiblemente tendrá que usar la motosierra, como Milei. Eso explica la preocupación de los centros de estudiantes secundarios y universitarios que despertaron de una desmovilización de varios años.
Con los mismos actores de siempre, la corrupción será enorme. Como si no bastaran, agregaron a la Opaci (Organización Paraguaya de Cooperación Intermunicipal).
Lo que pudo hacerse bien, comenzó de modo torcido. Ojalá se corrija. De lo contrario este proyecto de Peña dejará los mismos dolorosos recuerdos del que fue buque insignia del gobierno de Cartes, el inexistente Metrobús.