05 abr. 2025

La interna colorada

En el último trimestre de 2024, la vida política interna del partido de gobierno, la ANR, entró en una nueva fase. El retorno del ex presidente Mario Abdo Benítez a la política a mediados de ese año ya había revitalizado a la disidencia interna. Sin embargo, lo que realmente ha dinamizado la actividad partidaria es la preparación para las elecciones municipales de 2026 y su conexión con las elecciones nacionales de 2028.
El advenimiento de unas elecciones siempre presenta un escenario complejo. ¿Por qué? Porque las elecciones abren una nueva “estructura de oportunidades”. Las dirigencias políticas tienen ante sí una amplia lista de puestos electivos a los que pueden aspirar y así comienza un período de posicionamiento competitivo en el que cada aspirante calcula cómo obtener ventaja.

En el caso de la ANR, los posicionamientos acontecen en un contexto muy particular. Dado que el partido desempeña un rol hegemónico en el sistema político, la interna colorada se presenta como la vía más importante para acceder a los puestos electivos y al poder político en general. Sin mucha competencia ni cuestionamientos, la interna colorada avanza como una lucha por el manejo del modelo político, económico y social vigente, con escaso interés en debatir alternativas. Hay pocos incentivos por plantear ideas y programas. La dirigencia política está muy consciente de ello y, por ende, los posicionamientos se expresan de manera pragmática: Sumando apoyos, buscando aparatos y financiamiento, concentrados en lo organizativo y lo electoral.

A pesar de ello, esta dinámica choca con la ambición del cartismo de mantener una interna disciplinada y sin sobresaltos. Su llamado a la concordia y su propuesta de candidatos municipales de consenso ha perdido fuerza a medida que avanza el proceso. La competencia entre los aspirantes, dentro y fuera del cartismo, tensiona el control interno. Cartes quisiera tener un partido más disciplinado, parecido a la uniformidad que uno ve en las asambleas del partido comunista chino, pero las ambiciones de los caudillos y el ejercicio de las internas impiden la concreción de ese ideal.

La competencia interna en la ANR irrumpe como una lucha por alinear ciertos factores a favor del aspirante. En ese proceso se observa que los candidatos buscan el apoyo en tres niveles, el nacional, el departamental y el local. El primer recurso es obtener el apoyo de los grandes líderes nacionales y su respaldo financiero. En este plano, el cartismo tiene un gran atractivo. Sin embargo, muchas veces, el acceso a los líderes nacionales está mediado por los liderazgos departamentales, donde ocurre algo interesante: Una competencia por demostrar quién es más capaz de apalancar favores. Esto sucede entre diputados, senadores y gobernadores que quieren cumplir el rol de palancas en los departamentos. Finalmente, hay una mirada hacia lo local, donde intervienen instancias con arraigo territorial; los electores, las seccionales, los caudillos y los clanes, entre otros. En el caso de las municipales, el rol de las asociaciones de funcionarios municipales puede ser clave también y está estrechamente vinculado al papel de las seccionales.

En este ejercicio, el partido colorado, tiene una enorme experiencia y sus operativos se desenvuelven con eficacia. Es verdad que, con una oposición fragmentada, una ciudadanía desmovilizada y el llamado copamiento de los poderes del Estado, no parece haber alternativas creíbles. Sin embargo, su gran debilidad es esa falta de referencia crítica al modelo político, económico y social vigente. Su especialidad es el manejo de lo existente, pero la gran pregunta es hasta cuando esta maquinaria puede seguir funcionando en un escenario cada vez más problemático. Los sistemas de previsión social y pensiones están llegando a sus límites, la deuda pública aumenta en dólares, la pobreza se mantiene oscilando, la fusión con el crimen organizado es evidente y las falencias operativas en la gestión pública, así como la estrechez de mira en los temas más estratégicos del desarrollo del país no se compadecen con el discurso promisorio del régimen.

Sin que haya mucha competencia (...), la interna colorada avanza como una lucha por el manejo del modelo político, económico y social vigente, con escaso interés en debatir alternativas.

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