Las restricciones afectan a las zonas de Santa Maria Maior, Arroios, Penha de França y São Vicente, todas ellas en el corazón de la capital.
En las vías afectadas los tuk-tuk no pueden transitar, ni aparcar ni detenerse.
En concreto, se expanden de 275 a 337 el número de calles por donde estos vehículos no pueden pasar y, en paralelo, se crean nuevos lugares de estacionamiento.
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A la policía municipal se suman a partir de este martes inspectores de la Empresa de Movilidad y Estacionamiento de Lisboa (EMEL) para vigilar el cumplimiento de estas limitaciones, que se aplican en lugares emblemáticos, como la Praça do Comércio, gran parte de Bairro Alto o las inmediaciones del Castillo de São Jorge.
En la Praça do Rossio, el guía turístico y conductor de tuk-tuk, Gonçalo Silva, opinó en declaraciones a EFE que la solución a la saturación de estos vehículos no pasa por limitar su circulación, sino por endurecer los requisitos de emisión de licencias.
No muy lejos de allí, en la Avenida da Liberdade, otro conductor, Pedro Mendes, afirmó que “aún es pronto para sacar conclusiones”.
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“No obstante, como vecino de Lisboa, considero que está muy bien recorrer algunas calles y ver que están limpias, que no hay tuk-tuk subidos a la aceras o mal aparcados”, dijo el chofer.
En la misma línea se pronunció Antónia Reboso, que trabaja en una oficina de Hacienda en Baixa Chiado desde hace dos décadas y que celebra las limitaciones a estos vehículos, a los que culpa de los atascos en el centro y de “echar a perder el simbolismo de Lisboa”.
El Ayuntamiento de la capital explicó en un comunicado que estas medidas son fruto del diálogo “con distintos responsables de asociaciones y entidades ligadas al sector” y plantean “caminos concretos” para mejorar la gestión del espacio urbano.
La proliferación de tuk-tuk y otros vehículos motorizados de uso turístico en el casco histórico es motivo recurrente de quejas no solo entre los vecinos de Lisboa, sino también en otras ciudades portuguesas como Cascais, Sintra u Oporto.
Fuente: EFE.