“Llegó el momento tan esperado y súper merecido reconocimiento a tres comunidades que con resiliencia siguen manteniendo un tesoro vivo y autóctono de nuestra cultura paraguaya de legado ancestral”, señalaron desde la cuenta Mbeju_tova en Instagram.
En ese sentido, indicaron que toda iniciativa que promuevan buenas prácticas de salvaguardia y visibilicen el valor de este arte ancestral, es clave en este largo camino para llegar a esta consideración de portadores de este saber ancestral de estas tres comunidades del Paraguay.
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Asimismo, pidieron la difusión para que el Ñai'ūpo sea reconocido un Patrimonio de la Humanidad en necesidad de salvaguardia urgente.
“Por Rosalina Robles y todas las maestras del Ñai'ūpo que ya no están con nosotros para ver este posible sueño hecho realidad dentro de poco, pero por sus legados vivos, generaciones de herederos portadores que siguen luchando día a día para que lo nuestro no muera”, manifestaron desde la cuenta, recordando a la maestra alfarera, declarada Tesoro Nacional Vivo antes de fallecer.
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En el expediente presentado ante la Unesco se describe el Ñai'ũpo, quehacer cerámico ancestral como una manifestación cuyo proceso de elaboración aglutina conocimientos y habilidades, de la práctica artesanal y de convivencia comunitaria heredados del pueblo indígena guaraní, que, habiendo superado las barreras de la colonización y la modernización, persiste como patrimonio vivo, con muchas dificultades en la actualidad.
De igual manera, detalla que el Ñai'ũpo tradicionalmente se enfocaba en la elaboración de “tembipuru” (utensilios los que se cocinaban y consumían platos de la gastronomía paraguaya).
¿Cómo inicia el proceso?
El proceso inicia con el “Ñai’ũngua”, que es la extracción de la arcilla silvestre de los pantanos, cuya composición particular es reconocida por las maestras.
Una vez en el taller se realiza el Takype jejoso, polvo de ladrillos hecho en un mortero y utilizado luego como agregado al recurso natural en el Ñai’ũmona, mezcla y amasado con pies y manos.
La fabricación de piezas se realiza con la técnica “colombín”, consistente en dar forma a la vasija a través de rollos de arcilla amasada, que se va encimando y dando vueltas para luego alisarla. Se utiliza como herramienta un pedazo de tacuara, que es hereditaria.
Como terminación se realiza el Tapytã, pintura con engobe natural, y el Jekyty o bruñido, para finalmente Ñembojy realizar la cocción en quema de leña con temperatura constante durante ocho a 10 horas hasta tener terminadas las piezas.
Las portadoras y practicantes son tradicionalmente mujeres. En cada comunidad, las de mayor edad son las responsables de mantener y transmitir los conocimientos además de fortalecer los lazos comunitarios.
Las más jóvenes, son practicantes, teniendo un proceso de aprendizaje hasta convertirse en maestras. En la extracción y traslado, los miembros masculinos de la familia colaboran.
Los conocimientos y habilidades son trasmitidos intergeneracionalmente de madre a hija, de maestra a aprendiz, de forma oral y práctica, utilizando como vehículo el idioma guaraní y conformando una red social con diversos niveles de reciprocidad.
En ese proceso la tacuara utilizada como herramienta, se constituye en el símbolo del paso generacional, que es otorgado a la aprendiz por su maestra.
La fabricación de elementos utilitarios además de mantener viva la manifestación contribuye a valorizar la gastronomía y sus procesos tradicionales de cocción y almacenamiento de alimentos y líquidos. Los elementos decorativos expresan con el arte del Ñai’ũpo principalmente la fuerza y el rol de la mujer en la sociedad paraguaya.
“Es ejemplo del empoderamiento femenino, que con la práctica de estos conocimientos y habilidades sustentan a sus familias, sin descuidar el cuidado de la casa y los hijos. Refleja la cooperación y la solidaridad comunitaria, fortaleciendo el arraigo y sentido de pertenencia”, menciona la presentación del proyecto.
Entre tanto, señala que la viabilidad del elemento se ve amenazada principalmente por dos factores, que son: la transmisión intergeneracional y la provisión de materia prima.
Esto, debido a que persiste una reducida cantidad de maestras ceramistas y las generaciones más jóvenes se encuentran en la búsqueda de nuevas ofertas laborales de mayor rentabilidad o estudios técnicos dentro o fuera de sus pueblos, impactando en la disminución de aprendices y practicantes.
Así también, la tercerización de la venta de las piezas, implican una baja retribución económica, afectando el sustento familiar de las portadoras, a lo cual recurren por la dificultad que implica ocuparse de ambos procesos.
Al respecto, crearon estrategias de comercialización en Itá y Tobatí a través de la conformación de asociaciones de artesanas. Sin embargo, se ven afectadas por el sistema impositivo que generalmente desconocen.
La provisión de materia prima, que es un recurso natural de características particulares por su composición, se ve afectada por la privatización de los sitios de extracción en los tres pueblos.
Además, la ausencia de una reglamentación vigente sobre la creación artesanal favorece la apropiación de la propiedad intelectual en torno a la manifestación utilizados con fines de lucro y sin compartir beneficios con portadores y practicantes.
El proyecto busca preservar la manifestación garantizando la transmisión a generaciones futuras a través de acciones que permitan reducir los riesgos, fortaleciendo la viabilidad a través de estrategias de promoción a nivel local y nacional.