El curso, que tiene una duración de un mes, es impartido dentro del Pabellón Libertad, de la Penitenciaría Nacional de Tacumbú y están inscritos 58 internos.
El director del Programa Libertad, Ignacio Chamorro, explicó para nuestro medio que son programas de oratoria que en sí tienen varios enfoques, principalmente la preparación de la persona para que, el día en que tenga su libertad, cuente con los recursos necesarios y las habilidades para poder defenderse en la vida.
Indicó el director que el curso apunta a ser un complemento a otras profesiones que siguen los internos dentro del Pabellón, para que a la hora en que sea necesario, sepan saber llegar a las personas y “la mejor forma es saber hablar”.
Aseguró que el hecho de estar encerrados, “quiérase o no trabaja en la autoestima”, genera temor e inseguridad a la PPL, porque de por sí ellos saben que afuera hay un rechazo hacia ellos “y con justa razón, con todo lo que han ocasionado afuera con sus malas decisiones en la vida”.
“Muchos de ellos están aprendiendo hoy a hablar y ese es el enfoque de esta capacitación, que ellos aprendan a hablar en público y no tengan ningún tipo de temor ni de vergüenza y todo eso le puede favorecer de repente para cosas particulares que ellos puedan hacer, porque mayormente nosotros no esperamos que la gente le dé un trabajo formal, más esperamos que sea algo más informal, donde ellos mismos sepan defenderse”, refirió.
Chamorro mencionó también que hablar en público es algo elemental para el ser humano en cualquier tipo de desempeño, en oficios, y más todavía en los independientes que desempeñan los internos.
“Son artesanos, otros se capacitan para ser carpinteros, otros de repente están ejerciendo un liderazgo dentro del propio sistema, porque nosotros le damos espacio a los propios internos para que puedan asumir el protagonismo y ayudar a otros compañeros que quieran encarar un proceso de cambio”, explicó el director.
Al respecto, afirmó que en la vida las personas tienen dos opciones, y en especial sentido a los que entran a la cárcel, o salen mejor o salen peor; nadie sale igual de un encierro.
Chamorro confirmó que el curso dura solamente un mes, pero que son pequeñas semillas que permiten construir el proceso de cambio en las personas.
Mencionó también que las clases son impartidas por periodistas y abogados del país, que los ayudan a adquirir valores qué les permitan “recuperar su dignidad; que sean útiles a su familia y que sean de provecho a la sociedad”.
Finalmente, el director del programa refirió que todo lo que piden es que la gente les brinde el espacio para que puedan demostrar que hay un compromiso que asumen las personas privadas de libertad, el cual es ganar la confianza de la gente, para poder conseguir la reinserción en la sociedad.
REPLICA. “Cuando uno viene aquí tiene dos opciones: Cambiar el cien por ciento o destruirse el cien por ciento, que es lo que pasa con la mayoría de los que tienen condenas altas”, refirió Chamorro. En lo que respecta a su persona: “Yo elegí el camino adecuado y les diría a los demás que hagan lo mismo”, había dicho en una nota anterior un ex privado de libertad, quien puso un negocio dentro de la Unidad Penitenciaria Industrial Esperanza (UPIE).
En los últimos años, el Ministerio de Justicia (MJ) cerró convenios con fundaciones, empresas y hasta instituciones, con miras a lograr la reinserción social. De 232 personas privadas de libertad en la UPIE, 133 ya cuentan con trabajos fijos.
READAPTARSE. La Constitución Nacional estipula que las condenas que tienen privación de libertad llevan como finalidad la readaptación. Y es aquí donde el privado de libertad debe recibir un tratamiento que le permita readaptarse, que tenga un enfoque de bienestar en cinco ámbitos: Laboral, espiritual, educativo, artístico y salud. Esto es el propósito de este y otros programas existentes.