Las que se desempeñan en el sector formal tampoco se salvan, el Gobierno aprobó alrededor de 90.000 suspensiones temporales de contratos laborales de hombres mujeres, pero además recibió 1.500 denuncias de despidos injustificados de acuerdo a los datos procesados por el Ministerio de Trabajo hasta el 1 de mayo.
En cuanto a las suspensiones, los afectados deben recibir un subsidio de G. 1.090.0000, un ínfimo monto y un trámite de larga espera que deja a la ciudadanía entre la espada y la usura.
Como si fuera poco, en este contexto socioeconómico se pretende calificar el acceso al trabajo como una suerte o un favor, que se debe “agradecer” y encima responder con “mayor esmero”, discursos que en realidad encubren horas extras no pagadas, además de realizar funciones que no condicen con el contrato ni mucho menos con el salario.
Esta situación supone un riesgo para el aumento de la pobreza y si hablamos de las mujeres, son 107 millones en la región que podrían vivir en situación de pobreza como efecto del Covid-19, de acuerdo al estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
Otra batalla de las mujeres es el trabajo no remunerado en sus hogares, donde las tareas domésticas y de cuidado de los niños, ancianos y enfermos, le representan una sobrecarga que se agudizó con el aislamiento.
El artículo de Patricio Dobrée, publicado por el Centro de Documentación y Estudios, por ejemplo menciona que las mujeres dedican un promedio de 12,9 horas semanales al cuidado de un miembro de su hogar, casi el doble de tiempo que los hombres. Estos datos corresponden a la Encuesta sobre Uso del Tiempo publicada en el 2017 y por supuesto sufrieron un salto con la crisis sanitaria que mantiene a las familias en sus casas, donde en simultáneo con el teletrabajo, las mujeres deben atender la limpieza del lugar, la alimentación de la familia e higiene de los niños y hasta de las mascotas.
Si los niños están en edad escolar la responsabilidad de la madre va en aumento. Las clases virtuales son un fracaso y solo marcan una mayor brecha entre las clases sociales, pero a fin de año serán las mujeres señaladas como “buenas o malas” madres, según la calificación del estudiante. El padre generalmente sale absuelto por la sociedad que quedó con la representación de que es quien lleva el pan a la casa, cuando ese papel lo cumplen dos o más miembros de la familia.
Propuestas. Aún no hay estadísticas sobre el retroceso en la desigualdad de género que representan las decisiones del Gobierno en su intento por contener la pandemia. No hay números de trabajadores afectados separados por género, la cantidad de violaciones de pago de la manutención de los hijos o el aumento del tiempo empleado en tareas domésticas.
Para mitigar el impacto, Dobrée propone que además de las transferencias monetarias a familias vulnerables y la entrega de kits de alimentos, se entreguen insumos básicos como pañales y toallas higiénicas, fortalecer la asignación de recursos a las unidades de salud de la familia, incorporar equipos de trabajadores sociales y fortalecer las capacidades de los sicólogos que prestan servicios voluntariamente, entre otros puntos.
A esta altura sobran los estudios relacionados al género que intentan encaminar hacia una sociedad más igualitaria.
Tal vez el mejor el mejor homenaje para nuestras madres es primero reconocer su injusta sobrecarga de trabajo y luego enmendar las prácticas que la cultura patriarcal nos impuso.