En la norteña ciudad de Gaza, otrora la vibrante capital y la urbe más populosa –sus 500.000 habitantes huyeron primero, ahora el número se ha duplicado con la población desplazada–, un grupo de palestinos se acercan a una panadería. Pero no queda nada.
“La falta de harina y de pan equivale a la muerte lenta que sufrimos”, dice a EFE un gazatí bajo anonimato, cuya familia está formada por siete bocas. Este palestino pide tanto a las instituciones islámicas como a las Naciones Unidas que hagan lo que sea –pero que hagan algo– para revertir la actual situación.
Se trata de una “cuestión humanitaria que no debe estar relacionada con los rehenes”, añade en alusión a la premisa empleada por el Gobierno israelí: que la falta de alimento forzará a Hamás a liberar a los 59 cautivos.
El pasado 2 de marzo, las autoridades israelíes anunciaron el veto de suministros, el cual ya ha superado el del inicio de la guerra que duró del 7 al 21 de octubre. Los precios, que se estabilizaron un poco durante los dos meses de alto el fuego, se están disparando y ya no queda carne, cereales o papilla para bebé en los mercados, según pudo comprobar EFE.
La sombra del hambre no es nueva en Gaza. A principios de abril de 2024, la organización USAID anunció que la población del norte de Gaza ya sufría hambre, siendo la primera vez que un funcionario estadounidense lo reconocía.
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Durante toda la guerra, Israel permitió la entrada de camiones con ayuda humanitaria de forma muy limitada, siendo octubre del año pasado el más restrictivo con menos de 1.000 camiones, según datos de la ONU. Antes de la guerra, de media, unos 500 camiones llegaban a la Franja cada día para abastecer a la población de más de dos millones.
Cierre de las panaderías de la ONU
Ayer martes, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU cerró las 19 panaderías que mantenían abiertas en Gaza debido a la falta de harina. Desde hace días, preveían un rápido desabastecimiento a medida que “el temor a la escasez de pan” se extendía por la Franja.
“Durante el mes sagrado de Ramadán la gente estaba acostumbrada llenar las mesas con todos los tipos de comida, verduras y pescados, pero este Ramadán rompimos el ayuno con comida de lata”, dijo a EFE otro palestino sobre la festividad que concluyó pasado 31 de marzo.
Lejos de los mercados, el impacto del cerco israelí ya se siente entre los más vulnerables: Los niños menores de cinco años. Se han detectado más de 750 con desnutrición aguda, incluidos 85 con desnutrición aguda grave, según las pruebas realizadas a más de 29.000 niños antes de la ruptura del alto el fuego, el pasado 18 de marzo.
La desnutrición es también alta entre las mujeres embarazadas y lactantes y, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), la mitad de ellas –y hay unas 50.000 en Gaza– enfrentan un “embarazo de alto riesgo” mientras que al menos uno de cada cinco bebés ya nació con complicaciones en febrero, incluyendo bajo peso.
Incubadoras portátiles, aparatos de ultrasonido y bombas de oxígeno, entre otros equipos esenciales, también permanecen estancados en la frontera, añadió el UNFPA en un comunicado la semana pasada.
Israel controla todos los cruces y puntos de acceso a Gaza, tras la toma del paso de Rafah, fronterizo con Egipto, el 7 de mayo de 2024. Tanto el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, como su homólogo estadounidense, Donald Trump, señalan como el “el día de después de la guerra” el vaciar a Gaza de su población, lo que expertos legales califican de un crimen de guerra si se produce de forma forzosa.
“Si emigramos será por la hambruna y el bloqueo (israelí). Quienes tienen niños no tendrán más opción que viajar porque sino dirán: ‘Mis niños se morirán de hambre’”, lamentó el mismo palestino.
Fuente: EFE.