Las personas que se dedican a traficar con medicamentos controlados “saben perfectamente lo que están haciendo”, afirma el doctor Evelio Cardozo, profesor de la cátedra de Toxicología, en la Facultad de Medicina, de la Universidad Nacional.
Los traficantes, dice, saben que sustancias como el flunitrazepan -medicamento cuyo nombre comercial es Disomnilán- hace dormir y produce amnesia.
La persona que lo consume sin una supervisión médica, advierte, corre peligro en cuanto a que en un momento dado sus funciones se vean comprometidas, y que incluso le produzca la muerte.
“Pero esto importa poco a quien lo comercializa ilegalmente. Lo mismo que a quien lo consume para dormir y olvidarse de todo lo que hizo, como en el caso de un delincuente. Le es útil”, dice.
Sin embargo, en el ámbito médico se prescribe este medicamento para restablecer ciertas funciones, como el sueño, a personas que sufren de insomnio.
Entre las sustancias que también obtienen los traficantes mediante recetas médicas apócrifas están la morfina y la meperidina o peditina, que también producen sueño y calman el dolor.
“Son los analgésicos más potentes que se conocen y el adicto los utiliza habitualmente, por la capacidad que tienen de generar un estado de satisfacción, de alegría, de plenitud”, explica.
Al ser inyectadas, estimulan una sustancia que tenemos dentro del organismo, que se llama serotonina, la cual se libera naturalmente.
“La gente se inyecta este tipo de drogas para producir en forma artificial la serotonina, llamada la hormona del humor, y empieza a producirse una necesidad de mayor dosis para poder seguir experimentando ese estado de satisfacción”.
Es lo que técnicamente se llama tolerancia. Crece la necesidad de aumentar la dosis, después se van agregando otros tipos de elementos, sobre todo cuando la persona empieza a tratar de cortar esto y sufre una serie de desarreglos, que es la abstinencia, aclara.
Con respecto al Clonazepan, otro producto de alta demanda últimamente, el doctor Cardozo explica que en dosis pequeñas actúa como ansiolítico; y en dosis mayores, como sedante.
“Habitualmente lo requieren aquellas personas que están usando algún tipo de sustancia que las estimula demasiado, se vuelven tensas, no pueden dormir bien y tienen dificultades para mantenerse en un estado de equilibrio. Se toma esto como contraparte de sustancias estimulantes”, expresa. Sobre la forma fraudulenta en que, a través de recetas falsificadas, se obtienen de las farmacias estos tipos de drogas, Cardozo afirma que como hay una creciente demanda, se consiguen recetas médicas ya sea robándolas o falsificándolas. Se fabrica un sello y esboza la firma de un profesional médico.
La actividad reditúa beneficios económicos a los traficantes, que venden los medicamentos a quien sea, de a uno, de a diez o por blíster (envases), según el profesor.
CONTROL Y MÁS CONTROL
En el país, solo cuando se produce el control de dos o tres farmacias, “todo el mundo se pone en hilera”, y en la medida en que “se aflojan” los controles es que tienen lugar las falsificaciones de recetas o de contenido de las recetas oficiales, resalta Cardozo. “La ley está hecha, solo hay que cumplir, verificar, controlar. Si se hace bien esta parte del trabajo, todo esto que está sucediendo no tendría lugar”. Para el doctor los organismos competentes, como la Senad y el Ministerio de Salud Pública, tienen la palabra.