04 abr. 2025

Una victoria, muchas debacles

Sin sorpresas. Así fue la elección presidencial del domingo donde la ANR logró una vez más la reelección en forma contundente e indiscutible, de la mano de Santiago Peña/Pedro Alliana, que se impuso con comodidad a los demás candidatos. No es novedad porque es la séptima victoria del Partido Colorado de las ocho elecciones realizadas desde 1989. La hegemonía se mantiene intacta.

Los números son irrebatibles. En base al 63% de participación, la ANR captó el 42% del electorado (1.292.079), mientras que la dupla de la Concertación, Efraín Alegre/Soledad Núñez, el 27% (830.842). En tercer lugar y muy cerca de la coalición opositora se posicionó Paraguayo Cubas con el 23% (692.663). Con votos residuales, se posicionan Euclides Acevedo que no alcanzó 2% (41.194) mientras que José Luis Chilavert no obtuvo el 1% (24.824).

Y aunque la ANR no creció electoralmente, porque gana elecciones casi con las mismas cifras, su voto duro sigue siendo suficiente para derrotar a sus adversarios. Mario Abdo había ganado en el 2018 por 1.206.000 votos. Peña obtuvo 90 mil más.

El escenario legislativo replicó la victoria colorada y esta vez lograron la mayoría absoluta en el Senado con 23 bancas. En Diputados mantuvieron la misma cifra de 43 bancas, que implica igualmente mayoría absoluta.

Los números de las elecciones dejan varios escenarios.

ANR. La victoria de Peña reválida con creces el liderazgo de Horacio Cartes, golpeado duramente por EEUU que lo designó significativamente corrupto, con vínculos con el terrorismo islámico y lo sancionó económicamente obligándolo a desprenderse de sus empresas. A pesar de ello, logró que su candidato ganara la interna colorada y luego la presidencial. Esto implica reacomodos partidarios. La grieta que no se soldó, se profundizará ya que desde el cartismo apuntan directamente al presidente Mario Abdo Benítez como culpable de la “persecución” del gobierno norteamericano y de la huelga de brazos caídos durante la campaña. De hecho, Peña felicitó a todo el mundo el domingo tras su victoria y no mencionó al presidente.

¿Será la visa que Cartes necesita el triunfo de su ahijado político para evitar un eventual pedido de extradición? Es la interrogante que queda no solamente como problema para el ex presidente. Cualquier escenario, su extradición o su permanencia en el país, impactará en la gestión de Peña, quien en cualquiera de los escenarios pondrá a prueba su liderazgo. Entonces se verá de qué madera está hecho. El “peñismo” surgirá en forma natural, y ayer el ex presidente Nicanor Duarte Frutos ya le advirtió que “debe demostrar que no está preso de ningún sector, que no es rehén de nadie”, en alusión a Cartes.

El triunfo en el Congreso debería facilitarle la tarea a Peña, ya que la ANR logró mayoría propia en ambas cámaras. Pero es muy probable que la disidencia ya este delineando acuerdos con la oposición para controlar las presidencias de las cámaras. Debe acotarse que el peor adversario de un gobierno colorado son los propios colorados, como se pudo ver en los diferentes gobiernos.

PLRA. El resultado electoral jubiló de hecho a Efraín Alegre, quien repitió la historia del histórico dirigente Domingo Laíno. Ambos disputaron 3 veces la presidencia y perdieron en las 3 ocasiones. Imbatibles internamente, pero sin capacidad de concitar el voto mayoritario para vencer a su tradicional adversario más allá de las fronteras partidarias. Alegre incluso tuvo su peor elección. En el 2018 se posicionó a 3 puntos de la ANR con 1.110.000 votos. En esta elección tuvo 300 mil menos.

Los liberales arrastran una larga y agria disputa interna que fue desangrando al partido que hoy está sin rumbo. Hay liderazgos emergentes, como Ricardo Estigarribia, el ex intendente de Villa Elisa que recuperó la Gobernación de Central para el PLRA. Otro que aparece en el firmamento liberal es Javier Pereira, quien ganó en Itapúa, donde los colorados por primera vez pierden la Gobernación. Pero no bastará la simple victoria electoral para convertirlos en líderes y salvar al partido. El llanismo, con la sangre en el ojo, aprovechará esta crisis para cortar la cabeza de Alegre. Conociendo sus luchas intestinas lo más probable es que se pasen cobrando facturas antes que sentarse a entender lo que pasó y obrar en consecuencia.

EL EXTREMISMO. El ex senador Paraguayo Cubas confirmó los vaticinios de los sondeos que lo posicionaban en un tercer lugar, incluso disputando el podio a la Concertación. Y así fue. Se convirtió en la tercera fuerza electoral con el 23% de votos y se ubicó a solo 4 puntos de la Concertación, que obtuvo 27%. Un fenómeno político que sin dudas hay que analizar más allá de los adjetivos. Su buena perfomance benefició a la lista del Senado y tendrá 5 votos en el Senado. ¿Será Cruzada Nacional una fuerza política en crecimiento? ¿Cómo se articulará teniendo en cuenta que su líder es absolutamente personalista, anarquista? ¿Cómo actuará su bancada? No hay respuestas porque todo es impredecible.

FRENTE GUASU. Para la izquierda, esta elección fue letal. Sin dudas, la ausencia de Fernando Lugo, su líder histórico, además de la división, provocaron una hecatombe. Luego de la conquista presidencial en el 2008, los 300 mil votos que logró la lista del Senado en el 2018, el FG pagó cara su crisis. Apenas obtuvo 60 mil votos para el Senado. Y su propia tropa finiquitó el fin de ciclo del único presidente no colorado de la transición. Queda para dar pelea en la reconstrucción la senadora Esperanza Martínez, la única sobreviviente del conglomerado de izquierda que en el 2018 había logrado 6 bancas en el Senado.

PATRIA QUERIDA. Otro partido que sufrió la debacle electoral. Ni la inclinación hacia la extrema derecha de algunos de sus senadores (Fidel Zavala y Nani Arrúa) les valió para retener sus bancas. Con 72 mil votos, mete apenas 1 senador. La votación reconfiguró el poder interno siendo el más votado Orlando Penner, quien retorna al Congreso. En Asunción ganaron una banca con la reelección de Rocío Vallejo. La “aristocracia neoliberal” fracasó estrepitosamente, entrampada en su propia fórmula del voto preferencial.

ENCUENTRO NACIONAL. La figura, sin dudas, es Kattya González, quien logró el apoyo de 150 mil votantes que la premiaron por enfrentarse con los colorados en la Cámara de Diputados. Ahora irá al Senado. Logró dos bancas. Es la cuarta fuerza electoral.

UNA IDEA EN CRISIS. La Concertación Nacional no logró ganar las elecciones. El resultado hizo trizas un proyecto, un ideal, una construcción política con base jurídica que pretendía superar la etapa electoral para constituirse en un proyecto nacional alternativo. El ensayo se cortó abruptamente no solamente por la derrota electoral sino por los endebles cimientos. La Concertación se erigió con partes de cada uno de los partidos y movimientos que la conforman, porque ninguno resolvió su problema interno. Empezando por el mismo PLRA, que llegó dividido porque no resolvió su crisis interna. Efraín, con su triunfo electoral, derrotó a sus adversarios internos, pero no pudo sumarlos a su proyecto. El Frente Guasu se dividió entre concertacionistas y no concertacionistas y Lugo, fiel a su estilo, no se decantó oficialmente por ninguno. “Mbytetepe poncho jurúicha”, dijo antes de ser electo presidente, “en el medio, como la boca del poncho”, generando confusión en sus filas. Patria Querida tampoco estaba convencida en su totalidad. Un grupo apoyó la alianza, pero otros directamente hicieron campaña en contra, como Zavala. Kattya González tampoco se jugó totalmente. Mantuvo una postura distante, crítica. En fin, no hubo cohesión y el resultado está a la vista.

¿Quién puede liderar un proyecto común de alternancia ante esta crisis? Hay liderazgos emergentes, pero están desarticulados y con demasiado ego, que conspira contra toda visión de conjunto. La Concertación agoniza. ¿Habrá alguien que quiera salvarla?

El 15 de agosto asumen las nuevas autoridades. Lo viejo se renovó para reprisar la vieja política. No hace falta esperar para saber que poco se hará para cambiar las carencias sociales históricas y para colmo, en un asfixiante panorama dominado por antiderechos.